domingo, 14 de julio de 2013

La comunicación, el género y el futbolín.

El inicio. La historia comienza así: Mi hermano comenta en una cena familiar que su novia fue con unas compañeras a jugar futbolín al Pub Rock, bar capitalino ubicado en el barrio La California en el cantón central de San José. Tanto la novia de mi hermano como las amigas no se sintieron a gusto en el lugar, pues cuando estaban ahí decidieron jugar durante un rato futbolín. Según comentó Andrea, la novia de mi hermano, hacer esto fue un error, pues se sintieron ofendidas por el ambiente que se comenzó a crear cuando el lugar se llenó de pequeños grupos que jugaban en las mesas aledañas de manera profesional comenzaron a utilizar un lenguaje vulgar y cargado de machismo.


¿A qué tipo de lenguaje se refería? Pues la intriga me invadió lo suficiente, luego de que me contaran el relato completo, como para ir el martes siguiente de la cena familiar al dichoso bar donde ocurrió el hecho. Esta entrada, entonces, relata a grandes rasgos la visita /experimento antropológico que hice para investigar más sobre el uso del lenguaje en este lugar; y sobre cómo este lenguaje se relacionada con cuestiones de género y de comunicación. Vamos pues con lo que se encontró luego de visitar el Bar.

La visita. Entré al lugar acompañado de una amiga del trabajo. Lo primero que notamos es que ese lugar los martes por las noches se convierte en un centro de reunión de personas que practican de manera profesional este juego de mesa. Hay mucha organización, una empresa patrocinadora y una cantidad importante de personas participando. Hay un ritualismo en el lugar. Llamadas por una persona en alta-voz a los jugadores, cuchicheos cuando llega gente respetada al bar, miradas que van y vienen así como toda una serie de comunicación no verbal entre los jugadores.
  

Las llaves de juego muestran la organización.
Hay muchas frases machistas y dibujos de pene en toda la hoja. 
La hostilidad también forma parte de ese ritualismo. Si bien las personas que juegan conversan poco entre ellas las pocas palabras que se dicen están cargadas de un fuerte machismo y una evidente violencia simbólica en contra de las mujeres. Por ejemplo, cada vez que no se lograba meter un gol o se lograba anotar de manera correcta la palabra que sonaba alto y claro es “Hijueputa”; palabra que, además, servía como insulto para amedrentar al oponente o tratar de molestarlo.


Conforme avanzaba el juego, y conforme la gente perdía y ganaba, la tensión aumentaba. Y con ella, también aumentaba el nivel de machismo en el lugar y el nivel de hostilidad en la comunicación contra las mujeres. Frases como: “Vean esto fue parecido a lo que le hice a su hermana o a su mamá ayer, vamos a ver si usted grita igual” o “¿Quiere que se la meta como se la metí ayer a su mamá?” comenzaron a apoderarse del lugar y a acompañar el sonido de los goles producidos por la bola.

Lo más interesante de esto, es que había mujeres en el lugar y no se daban por aludidas. Eran pocas, pero estaban ahí, acompañando a sus parejas mientras jugaban el bendito torneo. Les pregunté si no les ofendía tanto lenguaje vulgar y hostil hacia ellas y me dijeron que no, que eso era normal y que si bien era un ambiente un poco hostil hacia las mujeres en general, era un ambiente que se justificaba pues era para sus novios, quienes pasaban muy estresados en sus vidas. Sí, se justificaba por ellos.

Me acerqué entonces hacia otra mujer para conversar sobre el tema. Resultó ser una de las pocas jugadoras profesionales de futbolín en el país. Se llama Marta Calderón, tiene 36 años y tiene 6 de jugar en torneos y campeonatos. ¿Cómo comenzó en el futbolín? Su esposo salía a practicar el juego de mesa todas las noches y ella no quería pasar más tiempo  sola en la casa .Por eso, comenzó a jugar y bueno, el resto es historia: es una de las mujeres más respetadas en este lugar.

Marta Calderón es jugadora profesional. Se tuvo la oportunidad de conversar con ella en la visita que se realizó. 

Le pregunto si ella considera que es un ambiente machista y me dice que sí, pero que es normal. Me dice que este mundo es como una réplica de un clásico Saprissa – La Liga, donde las personas pierden mucho de su personalidad por entregarse a la dinámica loca del estadio, donde los chiflidos y silbidos hacia las mujeres son cosa normal. Me dice también que no hay que preocuparse pues esas frases, esas palabras y esos insultos lo dicen sin ánimo de ofender a nadie. Solo por diversión (Calderón, 2013).

Al igual que ella, están en el lugar otras 15 o 16 mujeres participando. Sin embargo, son pocas las que han alcanzado un nivel profesional y las que han participado en nombre del país en torneos extranjeros. Tengo la oportunidad de conversar con otras de las mujeres profesionales: doña Rosa Mora, quien está retirada desde hace 5 años tras haber jugado profesionalmente durante 10 años. Según doña Rosa, “el lenguaje es normal, es un lenguaje de estadio que no tiene por qué asustarnos porque aquí a veces también se demuestra que mami es mami”, en alusión a las veces que ella también ha podido ganarle a hombres (Mora, 2013).

Doña Rosa también me explica que existe toda una clasificación no formal sobre el papel que deben tener las mujeres en este tipo de actividades. Varias personas coinciden en que las mujeres deben defender y los hombres deben atacar, por el hecho de que los hombres tienen posibilidades de atacar más duro. Otra vez, el machismo se evidencia en este tipo de asignación de roles donde la mujer aparece como el “sexo débil” frente al hombre.

Como vemos, tanto Andrea como sus amigas tenían toda la razón de sentirse ofendidas en un lugar así, lleno de hostilidad, machismo y expresiones patriarcales que buscan reafirmar los estereotipos de género tradicionales. Además, existe un alto nivel de violencia simbólica hacia las mujeres que puede ser unas de las razones para que no exista mucha participación femenina en este juego de mesa.

Las preguntas que me quedan resonando en la cabeza entonces son: ¿Por qué razón las mujeres que participan en este juego de mesa no se dan por aludidas? ¿Cuánta formación política falta para que las personas aludidas en este tipo de comunicación tan poco equitativa y hostil hacia una persona por su género se den cuenta de esa agresión y pidan su fin inmediato? ¿Qué podemos hacer, desde la Universidad, para sacar la equidad de los libros y enviarla a los barrios, a los bares y a cada lugar de este país?

Es un hecho que necesitamos más comunicación equitativa, pero la comunicación no tiene que ser únicamente sinónimo de páginas de prensa o programas de televisión. La comunicación, en el sentido más básico de intercambio de mensajes, se encuentra también en los bares, en los juegos de futbolín y en cada lugar donde exista la posibilidad de intercambiar simbolos. A esos espacios son los que debemos apostar para explotar la función transformadora de la comunicación y así generar cambios en nuestra sociedad.

Vista panorámica de la sala de juego de Futbolín. 
Puede parecer un hecho aislado, banal y hasta superficial haber ido a escuchar cómo hablan las personas en un bar mientras juegan futbolín. Sin embargo, lo encontrado ahí revela las profundas contradicciones que existen en nuestra sociedad, y el largo, larguísimo camino que existe para poder llegar a la equidad e igualdad real en nuestro país. Una compañera del curso lo dijo alguna vez como sentencia irrefutable: Hemos avanzado en lo legal, pero en lo simbólico estamos en pañales.

Precisamente, una visita de esta naturaleza revela esa carencia de avance en la equidad en la dimensión simbólica. Hasta que la cotidianeidad no se vea impregnada de igualdad, el problema persistirá pues seguirán las personas creyendo que las mujeres son las culpables de la violencia machista, de los feminicidios, del acoso y de toda las cuestiones negativas que nuestra sociedad patriarcal las hace padecer.

Espero que regresar al bar en otra ocasión. Y volver a hablar con las mujeres que conversé. Espero que esa visita sea distinta. Que existan igual cantidad de hombres y mujeres jugando futbolín y que los insultos no tengan que ver con cuestiones femeninas. Espero ir de nuevo y que el juego sea eso: un juego, un juego de mesa más.

Biografía:
  • Observación hecha en el Bar Pub Rock el martes 9 de julio de 2013. De 8 de la noche a 12 medianoche.
  •  Calderón, Hilda (2013). Entrevista realizada en el Bar Pub Rock durante la observación del martes 9 de julio de 2013.
  •  Mora, Rosa (2013). Entrevista realizada en el Bar Pub Rock durante la observación del martes 9 de julio de 2013.

No hay comentarios:

Publicar un comentario