El inicio. La historia comienza así: Mi hermano
comenta en una cena familiar que su novia fue con unas compañeras a jugar
futbolín al Pub Rock, bar capitalino ubicado en el barrio La California en el
cantón central de San José. Tanto la novia de mi hermano como las amigas no se
sintieron a gusto en el lugar, pues cuando estaban ahí decidieron jugar durante
un rato futbolín. Según comentó Andrea, la novia de mi hermano, hacer esto fue
un error, pues se sintieron ofendidas por el ambiente que se comenzó a crear
cuando el lugar se llenó de pequeños grupos que jugaban en las mesas aledañas
de manera profesional comenzaron a utilizar un lenguaje vulgar y cargado de
machismo.
¿A qué tipo de lenguaje
se refería? Pues la intriga me invadió lo suficiente, luego de que me contaran
el relato completo, como para ir el martes siguiente de la cena familiar al
dichoso bar donde ocurrió el hecho. Esta entrada, entonces, relata a grandes
rasgos la visita /experimento antropológico que hice para investigar más sobre
el uso del lenguaje en este lugar; y sobre cómo este lenguaje se relacionada
con cuestiones de género y de comunicación. Vamos pues con lo que se encontró
luego de visitar el Bar.
La visita. Entré al lugar acompañado de una amiga
del trabajo. Lo primero que notamos es que ese lugar los martes por las noches
se convierte en un centro de reunión de personas que practican de manera
profesional este juego de mesa. Hay mucha organización, una empresa
patrocinadora y una cantidad importante de personas participando. Hay un
ritualismo en el lugar. Llamadas por una persona en alta-voz a los jugadores,
cuchicheos cuando llega gente respetada al bar, miradas que van y vienen así
como toda una serie de comunicación no verbal entre los jugadores.
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| Las llaves de juego muestran la organización. Hay muchas frases machistas y dibujos de pene en toda la hoja. |
La hostilidad
también forma parte de ese ritualismo. Si bien las personas que juegan
conversan poco entre ellas las pocas palabras que se dicen están cargadas de un
fuerte machismo y una evidente violencia simbólica en contra de las mujeres.
Por ejemplo, cada vez que no se lograba meter un gol o se lograba anotar de
manera correcta la palabra que sonaba alto y claro es “Hijueputa”; palabra que,
además, servía como insulto para amedrentar al oponente o tratar de molestarlo.
Conforme avanzaba
el juego, y conforme la gente perdía y ganaba, la tensión aumentaba. Y con
ella, también aumentaba el nivel de machismo en el lugar y el nivel de
hostilidad en la comunicación contra las mujeres. Frases como: “Vean esto fue
parecido a lo que le hice a su hermana o a su mamá ayer, vamos a ver si usted
grita igual” o “¿Quiere que se la meta como se la metí ayer a su mamá?”
comenzaron a apoderarse del lugar y a acompañar el sonido de los goles
producidos por la bola.
Lo más
interesante de esto, es que había mujeres en el lugar y no se daban por
aludidas. Eran pocas, pero estaban ahí, acompañando a sus parejas mientras
jugaban el bendito torneo. Les pregunté si no les ofendía tanto lenguaje vulgar
y hostil hacia ellas y me dijeron que no, que eso era normal y que si bien era
un ambiente un poco hostil hacia las mujeres en general, era un ambiente que se
justificaba pues era para sus novios, quienes pasaban muy estresados en sus vidas.
Sí, se justificaba por ellos.
Me acerqué
entonces hacia otra mujer para conversar sobre el tema. Resultó ser una de las
pocas jugadoras profesionales de futbolín en el país. Se llama Marta Calderón,
tiene 36 años y tiene 6 de jugar en torneos y campeonatos. ¿Cómo comenzó en el
futbolín? Su esposo salía a practicar el juego de mesa todas las noches y ella
no quería pasar más tiempo sola en la
casa .Por eso, comenzó a jugar y bueno, el resto es historia: es una de las
mujeres más respetadas en este lugar.
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| Marta Calderón es jugadora profesional. Se tuvo la oportunidad de conversar con ella en la visita que se realizó. |
Le pregunto si
ella considera que es un ambiente machista y me dice que sí, pero que es
normal. Me dice que este mundo es como una réplica de un clásico Saprissa – La
Liga, donde las personas pierden mucho de su personalidad por entregarse a la
dinámica loca del estadio, donde los chiflidos y silbidos hacia las mujeres son
cosa normal. Me dice también que no hay que preocuparse pues esas frases, esas
palabras y esos insultos lo dicen sin ánimo de ofender a nadie. Solo por
diversión (Calderón, 2013).
Al igual que
ella, están en el lugar otras 15 o 16 mujeres participando. Sin embargo, son
pocas las que han alcanzado un nivel profesional y las que han participado en
nombre del país en torneos extranjeros. Tengo la oportunidad de conversar con
otras de las mujeres profesionales: doña Rosa Mora, quien está retirada desde
hace 5 años tras haber jugado profesionalmente durante 10 años. Según doña
Rosa, “el lenguaje es normal, es un lenguaje de estadio que no tiene por qué
asustarnos porque aquí a veces también se demuestra que mami es mami”, en
alusión a las veces que ella también ha podido ganarle a hombres (Mora, 2013).
Doña Rosa también
me explica que existe toda una clasificación no formal sobre el papel que deben
tener las mujeres en este tipo de actividades. Varias personas coinciden en que
las mujeres deben defender y los hombres deben atacar, por el hecho de que los
hombres tienen posibilidades de atacar más duro. Otra vez, el machismo se
evidencia en este tipo de asignación de roles donde la mujer aparece como el
“sexo débil” frente al hombre.
Como vemos, tanto
Andrea como sus amigas tenían toda la razón de sentirse ofendidas en un lugar
así, lleno de hostilidad, machismo y expresiones patriarcales que buscan
reafirmar los estereotipos de género tradicionales. Además, existe un alto
nivel de violencia simbólica hacia las mujeres que puede ser unas de las
razones para que no exista mucha participación femenina en este juego de mesa.
Las preguntas que me quedan
resonando en la cabeza entonces son: ¿Por qué razón las mujeres que participan
en este juego de mesa no se dan por aludidas? ¿Cuánta formación política falta
para que las personas aludidas en este tipo de comunicación tan poco equitativa
y hostil hacia una persona por su género se den cuenta de esa agresión y pidan
su fin inmediato? ¿Qué podemos hacer, desde la Universidad, para sacar la
equidad de los libros y enviarla a los barrios, a los bares y a cada lugar de este
país?
Es un hecho que necesitamos más
comunicación equitativa, pero la comunicación no tiene que ser únicamente
sinónimo de páginas de prensa o programas de televisión. La comunicación, en el
sentido más básico de intercambio de mensajes, se encuentra también en los
bares, en los juegos de futbolín y en cada lugar donde exista la posibilidad de
intercambiar simbolos. A esos espacios son los que debemos apostar para
explotar la función transformadora de la comunicación y así generar cambios en
nuestra sociedad.
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| Vista panorámica de la sala de juego de Futbolín. |
Puede parecer un hecho aislado,
banal y hasta superficial haber ido a escuchar cómo hablan las personas en un
bar mientras juegan futbolín. Sin embargo, lo encontrado ahí revela las
profundas contradicciones que existen en nuestra sociedad, y el largo,
larguísimo camino que existe para poder llegar a la equidad e igualdad real en
nuestro país. Una compañera del curso lo dijo alguna vez como sentencia
irrefutable: Hemos avanzado en lo legal, pero en lo simbólico estamos en
pañales.
Precisamente, una visita de esta
naturaleza revela esa carencia de avance en la equidad en la dimensión
simbólica. Hasta que la cotidianeidad no se vea impregnada de igualdad, el
problema persistirá pues seguirán las personas creyendo que las mujeres son las
culpables de la violencia machista, de los feminicidios, del acoso y de toda
las cuestiones negativas que nuestra sociedad patriarcal las hace padecer.
Espero que regresar al bar en
otra ocasión. Y volver a hablar con las mujeres que conversé. Espero que esa
visita sea distinta. Que existan igual cantidad de hombres y mujeres jugando
futbolín y que los insultos no tengan que ver con cuestiones femeninas. Espero
ir de nuevo y que el juego sea eso: un juego, un juego de mesa más.
Biografía:
- Observación hecha en el Bar Pub Rock el martes 9 de julio de 2013. De 8 de la noche a 12 medianoche.
- Calderón, Hilda (2013). Entrevista realizada en el Bar Pub Rock durante la observación del martes 9 de julio de 2013.
- Mora, Rosa (2013). Entrevista realizada en el Bar Pub Rock durante la observación del martes 9 de julio de 2013.




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