De-construyendo al hombre con hombres.
Para esta entrega he decidido
hacer un ejercicio. Muchas veces antes del curso me había preguntando qué
significa ser hombre en esta época de guerras, hamburguesas y capitalismo
patriarcal. Una vez adentrado en el semestre - y a raíz de muchas conversaciones
que se dieron en estos meses - la pregunta pasó de buscar un significado a
buscar un sentido. La pregunta dejó de ser qué significa ser hombre para ser
¿Tiene sentido ser hombre en esta época? Y no fue una interrogante que llegó
sola. Al contrario, vino acompañada de múltiples cuestionamientos adicionales
como ¿Es necesario de-construir el significado de la palabra en función de una
nueva masculinidad y de una nueva visión del género? o ¿Cómo superar esa visión
binaria de lo que significa ser hombre en un contexto de patriarcado que impone
un binomio hombre – mujer?
Precisamente, para tratar de
construir o responder a estas y otras consultas acudí a otros hombres para
conversar con ellos sobre la masculinidad y sobre la necesidad de mirarnos
entre nosotros de manera distinta. Los cité a todos en un mismo lugar y
momento; y a cada uno de ellos les hice, con algunos cambios, las mismas
preguntas. A continuación presento un breve resumen a manera de crónica del
ejercicio de conversación con los hombres seleccionados y al final transcribo
en su totalidad la conversación que tuve con Edvan Córdoba, un activista del
sector LGBTI muy crítico, de quien personalmente he aprendido mucho y a quien
admiro a nivel personal y político. La conversación con Edvan se hizo por
aparte, y por dicha que así fue, pues fue un ejercicio bastante pedagógico y
educativo. Al final de la entrada, se pueden consignar los datos de las
personas con las cuales se conversó.
Una conversación de hombres sobre el hecho de ser hombre.
La conversación sucedió en San
Pedro. Sentados en un aula de Ciencias Sociales estábamos un estudiante
refugiado colombiano que ejerce como Presidente de la Federación de Estudiantes
de la Universidad de Costa Rica, un joven regidor de un cantón rural y este
servidor. Las dos personas fueron citadas para conversar sobre género y sobre
el hecho de ser hombre. A ellas, se les uniría luego un estudiante de Ciencias
Políticas mucho más joven. Estamos entonces ahí, el estudiante del curso de
género, el refugiado y el regidor heterosexual y el joven gay aspirante a
politólogo. Estamos ahí y les hago la primera pregunta: ¿Tiene sentido ser
hombre en esta época?
Al preguntarles esto la cara de
todos se queda fija. El estudiante de Economía con condición de refugiado me
argumenta que sí, que tiene sentido ser hombre siempre y cuando la categoría
tenga un significado distinto al actual, que está lleno de cinismo, prejuicio y
machismo. El joven regidor opina similar: hay que re-construir la categoría y
darle un nuevo significado. Sin embargo agrega que “… siempre que hablemos de
hombres vamos a estar hablando de una categoría que solo tiene sentido en el
sistema actual. Es decir, yo no me imagino o no soy capaz de imaginarme como
sería un hombre distinto al actual bajo otro sistema” dice mientras trata aún
de comprenderse a sí mismo.
La conversación se enciende, pues
el joven estudiante de Ciencias Políticas mete la cuchara. No quiere quedarse
atrás en la discusión y les dice que es muy fácil opinar de cambiar algún
significado desde la heterosexualidad. “Yo quisiera creer que ya no tiene
sentido ser hombre o la categoría hombre, pero el asunto es que sí tiene
sentido, pues millones de personas así lo creen, inclusive ustedes que, desde
la heterosexualidad, saben que tienen ciertos privilegios” dice como reclamando
la que para él es una cómoda posición desde donde se opina.
A esta intervención las otras dos
personas no ponen mucha atención, pues ambos centran sus esfuerzos en seguir
argumentando cómo ser hombre no es asunto estrictamente relacionado con la
orientación sexual sino con las reglas que este sistema les impone y con una
serie de cuestiones que se esperan de ellos. Esta última idea la resume de
manera directa el estudiante colombiano con una frase muy sencilla: “Este mundo
espera ciertas cosas inhumanas de vos simplemente por tener un pene acompañado
de dos testículos”.
En este punto coinciden los tres:
De ellos se esperan cosas masomenos similares a pesar de sus diferencias en
edad, orientación sexual, extracto socio-económico y procedencia geográfica. Se
espera que sepan desatornillar cosas y armar aparatos electrónicos, se espera que
uno maneje cómo cambiar una ducha porque los “… hombres saben de esas cosas”,
se espera que “hablés duro, siempre tratando de tener la última palabra y con
los huevos bien puestos”, se espera también – dice el joven estudiante de
Ciencias Políticas para hasta cierto punto recordar el tema de la orientación
sexual – que “… la metá y tengás hijos con una mujer pero sexo con muchas
cualquieras”…
Y se vuelve entonces al tema de
la orientación sexual. Y entonces, les digo que ese tema de la imposición de
roles a los hombres heterosexuales se las trae (“Por supuesto que se las trae”
dice el joven gay que nos acompaña). Y entonces, se hacen las preguntas clichés
que siempre se tiene que hacer cuando este tipo de temas sale a la luz en una
conversación sobre masculinidad: ¿Tiene sentido ser un hombre gay en esta
época? ¿Cómo un heterosexual se puede acercar a esta identidad?
“Si lo tiene” afirma el
Presidente Estudiantil de manera categórica, “Pues se trata – agrega – de una
identidad creada para establecer cierta visibilidad que el sistema le ha negado.
Una persona no es gay porque quiere, es gay por una decisión política de
visibilizarse de esa manera y luchar contra los estigmas que esa identidad
puede generar”. En la misma línea opina el regidor. “Se trata de re-construir
la sexualidad de los hombres desde lo afectivo, desde el cariño; y eso pasa por
colocarse en el mundo como un hombre que quiere amar y acercarse sexualmente a
otro hombre”
Pregunto por eso de colocarse
tomando como base la afirmación que se hizo sobre ser una decisión política. ¿Es
que acaso ser gay es una decisión? El joven estudiante de políticas toma la
palabra y explica, sumándose a esta posición, lo que él cree que sus compañeros
de tertulia quisieron decir: “Yo no decidí tener atracción sexual mayoritaria
hacia personas del mismo sexo, pero sí decidí llamarme gay. Sentir atracción no
es una decisión es algo que se trae, pero la etiqueta que vos asumís si es una
decisión Para mí sería muy fácil decir que soy bisexual o un heterosexual
bastante curioso por ejemplo”. Las demás personas lo ven mientras asienten,
como sumándose con su movimiento de cabeza a lo que él estaba diciendo.
Les pongo uno de los últimos
temas sobre la mesa de conversación. Somos hombres hablando de ser hombres en
un patriarcado. Evidentemente, tenemos cierta ventaja. Inclusive el hombre gay
que nos acompaña es una persona que pertenece a cierto sector discriminado pero
con cierta altura dentro de la jerarquía sexual en comparación con otras
personas como las lesbianas o las personas trans. ¿Es posible que nosotros
de-construyamos la masculinidad y el hecho de ser hombres en medio del
patriarcado? Todos se quedan callados por un momento.
“Sí lo es, pero cuesta en paleta”
afirma el estudiante colombiano. “Y cuesta porque este sistema nunca te deja
nadar contra-corriente. Es como un río donde hacés rápidos y tratás de nadar
contra la corriente solo y en mariposa o en dorso. Es algo costosísimo, pero
diay… toca si querés transformar esta carajada” dice en un tono un poco
pesimista, quizá por el hecho de lo difícil que sea deconstruir esas etiquetas
y asignaciones que nos impone el género…
“También es un asunto que va más
allá de si cuesta o no” dice el Regidor. “Si tratás de ser diferente te van a
discriminar. Escoger el camino de luchar como hombre heterosexual por una nueva
masculinidad en el contexto del patriarcado es ir directo a una lluvia de
insultos que van desde maricón hasta enclosetado” afirma mientras vuelve a ver
al joven estudiante de Ciencias Políticas, como esperando cierta aprobación de
una persona que ha luchado, desde su condición, contra lo que impone la
sociedad.
Al final, y después de varios
intercambios más, donde se evidenció que el ser hombre no es solamente una
etiqueta hasta cierto punto vieja y empolvada por el mismo sistema, sino que
además una clasificación parte de un binomio que quita la libertad, las
personas terminan con una reflexión que les solicito. ¿Cómo se puede llevar con
un ejemplo concreto lo que hablamos a la práctica? Y ¿Cómo podemos cambiar el
significado de hombría y cómo podemos construir una nueva masculinidad?
“Con mucha creatividad” dice uno;
“con mucha valentía” comienza el otro; “Esas dos cosas que dijeron son el
combustible, lo que hace falta es el mapa y muchas veces ese mapa, de qué
hacer, cómo hacer, cuándo hacer, y qué gano y qué pierdo cuando hago equis o ye
cosa no encontramos o simplemente no lo queremos ver, pues como dicen ellos es
un mapa que te lleva a un lugar incomodo, a un lugar que te hace cuestionarte
quién sos, qué hacés acá y cómo poder mejorar tu papel en este mundo” cierra el
más joven de los participantes.
Reflexiones sobre la conversación:
Al término del ejercicio el
concepto de hombre o el acercamiento a lo que significa ser hombre es distinto.
El cuestionamiento debe ser constante, debe ser permanente, debe ser profundo y
bien agudo, pues tenemos la posibilidad de caer en una trampa donde el sistema
nos pone en una situación cómoda que no criticamos y que no señalamos como
injusta para algunos. Hay que pensar que el hecho de que yo me llame o me
considere hombre significa, sin importar dónde me encuentre, que estoy en una
posición privilegiada con respecto a otros seres humanos; Y justamente por esa
razón, la crítica es lo que debe prevalecer y es el camino que debemos
transitar de manera diaria.
El cómo hacerlo no me quedó tan
claro, pues creo que las personas invitadas tampoco lo tienen. También es que
es un trabajo mucho más colectivo que individual; algo que pasa por un
“nosotros” y no por un “yo”. Ahora, la pregunta entonces es si podemos lograr
juntar a varias personas para construir un nosotros que ponga en acción muchas
de las ideas que los compañeros han dicho en la tertulia.
Me imagino un nosotros, un grupo
que hable sobre cómo transformar la idea de hombre, como destruirla y volver a
construir con un acercamiento mucho más inclusivo, menos opresivo y mucho más
abierto; un planteamiento con pocos límites, con mucha libertad y escasos prejuicios,
que beneficie no solamente a aquellas personas que decidan reconocerse como
hombres sino a todas las personas en general.
Transcripción de la entrevista a Edvan Córdoba.
Activista en organizaciones internacionales de Derechos Humanos.
Graduado en Gestión del Desarrollo Sostenible con Equidad de Género en la Universidad Nacional.
Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica.
Al acercarme a Edvan para hablar
de estos temas es inevitable que cierta timidez y nerviosismo me salga a flote,
pues a su corta edad – tiene 24 años – se ha estado convirtiendo en toda una
persona referente para varias personas que se inician en el activismo en estos
temas. Él estaba también un poco nervioso por la entrevista (aunque creo que la palabra más bien es
ansioso), pues me decía que en estos temas puede hablar mucho sin decir
absolutamente nada. Evidentemente, se equivocaba pues así como hablaba mucho
decía también mucho. Lo que sigue es una transcripción de la entrevista que
tuvimos, donde conversamos de los mismos temas que toqué con los otros
compañeros.
¿Para vos actualmente tiene sentido ser hombre?
Yo creo que no tiene sentido. Es
una categoría que está cargada de esencialismo; de un esencialismo biológico
que tiene que ver con los órganos genitales y con ciertas características
corporales. Tampoco tiene sentido en términos de género porque es una categoría
que ha estado socialmente cargada por un excesivo mandato de ser, por asumir
tareas desproporcionadas para cualquier persona, independientemente de lo que
esa persona se considere. Entonces, creo que la categoría de hombre es una
categoría desigual, porque terminan sintiéndose responsables de una serie de
cargadas sociales relacionadas con la familia o el trabajo. Son cargas
desproporcionadas en términos de merito o rendimiento; en términos de lo que
esa persona tiene que demostrar. Hay que cumplir una serie de cuestiones para
poder cumplir con la categoría de ser hombre. Todas esas cuestiones son
bastantes nocivas y terminan lesionando a la persona. Ser hombre es un performance. Usted performa ser hombre. La categoría hombre es un binomio que de una u
otra forma jerarquiza y oprime; te encierra dentro de un cierto patrón.
Vos decís que ser hombre es como un perfomance. Y entonces ¿Ser un hombre gay tiene sentido? ¿También
es un perfomance?
No lo tiene tampoco; y sí, es un
perfomance que está cargado de cuestiones particulares. Por ejemplo, la
identidad gay se construye en los años 60 y nace como una identidad
contracultural, como de movimientos que tenían una serie de exigencias
específicas a partir de las condiciones de opresión que estaban viviendo. Pero
rápidamente el sistema – y cuando hablo del sistema hablo de la
heterosexualidad como un régimen político y social que tiene normas – al ver
que estas identidades estaban planteando demandas específicas lo que hizo fue
asimilando esas demandas e ir vaciando de contenido político esa identidad.
Entonces, la identidad gay cuando nos acercamos a los años ochenta o noventas
se comienza a convertir a una identidad asociada a una cierta estética
corporal, a un gay hegemónico blanco que correspondía a cierta clase social y a
un cierto nivel económico y cierto nivel adquisitivo. La identidad gay se
plantea como una identidad de consumo. Es
una de las herramientas que utiliza el sistema para cooptar esa
identidad y hacerla mucho menos peligrosa y más digerible y voltearla a los
intereses que tiene el sistema.
Vos decís que ser hombre gay es una etiqueta, y no es una etiqueta
que del todo se puede decir que sea positiva. Ser hombre gay es una decisión
política…
Igual que definirse como hombre
es una decisión política.
¿Pero entonces es una
decisión política equivocada definirse como hombre gay?
En mi opinión sí
¿Y cuál es la decisión política acertada en este contexto?
Es que es un tema complejo. Yo
diría que la posición política acertada tiene que ver con el cuestionamiento
constante. Alejarse de esos esencialismos de ser hombre y ser mujer. Y la
categoría de hombre gay también está cargada de esencialismo. Entonces, la
política acertada debería ser una política que se plantea cuestionamientos a
esos esencialismos. Yo no me opongo a que la gente se identifique como tal,
aunque lo más problemático del asunto es que muchas veces no existe ni siquiera
la consciencia de que se está asumiendo una identidad. Yo soy hombre, yo soy
mujer. Se asumen las identidades que nos dan al nacer y que nos da la sociedad.
La gente a partir de lo visual se te asigna una forma de ser y de estar en el
mundo, que te acompaña toda la vida. Y la gente ve eso como algo natural, algo
bueno, algo normal y algo deseable…
Cuando hablamos de ese sistema hablamos también del patriarcado, que
de una u otra forma es un sistema hecho para que los hombres tengamos ventaja;
y cuando hablamos de ese sistema entonces podemos decir que los hombres gays
tienen una ventaja en comparación con las mujeres, con las personas
transgéneros o con otras personas todavía más marginadas.
Sí, sin lugar a dudas porque la
identidad gay por estar ligada al ser hombre desde que nace, nace sí en un
marco de opresión pero con ciertos privilegios que otras identidades no tenían
por razón de sexo (en caso de que se identificaran como mujeres) o por cuestión
de razas (si eran personas indígenas o afro descendientes), o por su cuestión
migratoria… Ahora, la creación de esa misma identidad gay, con todas esas
ventajas, se da o se crea a un costo muy alto, que es tener que claudicar a
toda esta parte político-contestataria, radical, subversiva, y lo que el
sistema lo que le pide a la identidad gay es que se acepte la identidad
heterosexual; porque al final de cuentas lo que se nos pide es que formemos una
familia, que nos casemos, que seamos felices de acuerdo a las reglas de este
sistema y no hay un cuestionamiento real..
¿Entonces el hecho de que estes recogiendo firmas para el matrimonio
igualitario no es como contradictorio porque es tratar de hacerse un campo en
las reglas o modelo de persona ideal que el sistema impone?
Sí y no. Porque creo que las
personas en el mundo deberían tener acceso a ciertos mínimos, que tienen que
ver con condiciones materiales de existencia que puedan dotar de una vida digna
a esas personas en términos de salud, acceso a educación y acceso a ciertos
bienes que son fundamentales para cualquier persona en términos de su proceso
de desarrollo. Entonces, a mí en particular la institución del matrimonio no me
provoca absolutamente nada más que nauseas y asco…
Pero esta recogiendo firmas…
Sí, porque creo que cualquier
persona pues por un lado pasa por esta libertad de decidir de la cuestión de
elección, pero también pasa por esos mínimos que este sistema quita… Por eso es
que recojo firmas. Y opto por el matrimonio, porque es la figura que existe actualmente
que asegura la igualdad de derechos frente a las personas heterosexuales. En mi
opinión, el movimiento LGBT debería estar apostando a otras cosas, pero creo
que esto es parte de una agenda de temas. Ahora bien, no creo que esto debería
ser la vanguardia o lo principal…
Volvamos al patriarcado. Usted dice que hay personas discriminadas
con cierta ventaja y hay personas discriminadas sin ventajas. Cuando esas
personas de dos sectores distintos tratan de trabajar juntos se crean
tensiones. ¿Usted como ha lidiado con esas tensiones? ¿Qué tan difícil ha sido?
Tomando en cuenta que usted es parte de los sectores aventajadas…
Sí, sí, claro por tener asignada
esa identidad, aunque yo no la asuma, no me interese e inclusivo haya hecho
ciertos actos para renunciar a ella. Aunque es difícil. Este tema no pasa por
lo individual, no pasa por el hecho de decir: No, ya no soy hombre. Lidiar con
las tensiones ha sido bastante complicado. Usualmente yo suelo hacer más
alianzas o trabajo con el sector lésbico, porque algún sector lésbico tiene
cierta consciencia feminista o sensibilidad sobre otras cuestiones; ve el
asunto mucho más complejo. Tiene la capacidad de vislumbrar esta lucha no como
la prioritaria o la fundamental sino que la asume con mucho más criticidad.
Pero es muy difícil porque no todas las mujeres lesbianas tienen esta
sensibilidad… Entonces ha sido complicado.
¿No es un tema de edad?
Pasa un poco por la edad, porque
los activistas históricos de este país han sido hombres. Hombres gays y blancos.
Yo no diría que el nivel educativo sea significativo pero sí ha pasado un poco
por el tema del sexo, del color de piel y del estatus económico. Diay, no es
casualidad que los medios de comunicación desde la década pasada se centraran
en ciertos movimientos que respondían a este tipo de gente que se identificaba
como hombres gays y que tenía también ciertas reivindicaciones particulares;
porque es más fácil para el sistema atender a los sujetos que están
normalizados que intentar lidiar con sujetos que se cuestionan esos proceso.
Entonces, la sexualidad va creando sus jerarquías. No es lo mismo el hombre gay
que las personas trans que están situados en el escalafón más bajo de la
sexualidad, por ejemplo. Es una situación bastante compleja. A partir de la sexualidad
se crean pirámides...
Para ir cerrando: Hay que construir una nueva masculinidad. ¿Esta
masculinidad puede ser de consenso entre los sectores más al margen y los que
no están discriminados o no, definitivamente tiene que ser una masculinidad construida
desde los márgenes y la disidencia y la subsersión y la radicalidad?
Bueno, eso es todo un tema. Una
cosa es ser hombre y otra cosa es ser masculino. Pueden tener cierto ligamen,
pero no están completamente ligados. Por ejemplo, hay mujeres lesbianas que
perfoman cierto tipo de masculinidad. Antes, el discurso de la masculinidad era
muy rígido, pero conforme ha pasado el tiempo este discurso se ha vuelto más
poroso, se ha ido rompiendo, se le han ido abriendo fisuras, entonces muchas
veces ya las personas no tienen claridad sobre lo que es ser masculino… La
heterosexualidad en muchas cosas está en crisis. Entonces, en ese sentido, yo
diría que a la gente que le interesa perfomar algún tipo de masculinidad
debería interesarse porque ese tipo de masculinidad sea lo menos esencialista,
lo más liberadora, lo más descargada o libre de prejuicios, estereotipos, mitos
que se pueda y sobretodo lo menos violenta, opresiva y privilegiada que se
pueda…
¿Cómo te definís vos? Habiendo hecho la crítica a la etiqueta de ser
hombre, de ser hombre gay y del binomio hombre y mujer. ¿Vos como te definís o
como creés que calzás?
Si es por lo que el sistema me ha
identificado, yo debería calzar por hombre gay, pero es una categoría que
rechazo por lo que he comentado. Yo en general tengo mucha animadversión a este
tema de las etiquetas; me parece que tiene una función de visibilizar y de dar
nombre, pero lo que me plantea más roncha o animadversión a este tema es cuando
la gente se plantea la categoría como una cuestión cerrada, rígida, normada,
delimitada; y ahí es donde me parece que la gente comienza a perder capacidad
de pensarse, la capacidad de ser creativa, de poder inventarse también, de no
verse como algo acabado sino verse como un producto que puede ir variando a lo
largo del tiempo; y yo en ese sentido, aunque yo no utilizo esa categoría, si
tuviera que meterme en alguna, me definiría como una persona transgenero.
Bibliografía.
Saldarriaga Jiménez, Camilo.
Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica e
Integrante de la Junta Directiva de la Asociación Demográfica Costarricense.
Entrevista grupal realizada el 10 de julio de 2013 en la Universidad de Costa
Rica.
Sánchez Mena, Ricardo. Regidor
propietario del cantón de Alvarado por el Partido Acción Ciudadana. Entrevista
grupal realizada el 10 de julio de 2013 en la Universidad de Costa Rica.
Anónimo. Estudiante de Ciencias
Políticas, Activista del Movimiento LGBTI y miembro de la Junta Directiva de la
Asociación de Estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa
Rica. Entrevista grupal realizada el 10 de julio de 2013 en la Universidad de
Costa Rica.
Córdoba, Edvan. Activista del
Movimiento LGBTI y representante
costarricense por la sociedad civil en foros internacionales del Fondo de
Poblaciones Unidas. Entrevista personal realizada el 11 de julio de 2013 en la
Universidad de Costa Rica.