jueves, 25 de julio de 2013

Elecciones, género y televisión.

Durante el curso se dedicó bastante tiempo a hablar sobre cómo los medios de comunicación presentan a los hombres y a las mujeres de manera encasillada, estereotipada y cajonera. Fueron varias clases donde se conversó sobre cómo el papel de la radio, la prensa y la televisión es fundamental para fomentar los distintos roles de género que recaen sobre los hombres y sobre las mujeres. Por esa razón, quisiera retomar en esta pequeña entrada ese tema, centrándome en poner ejemplos relacionados con los spots publicitarios de campañas electorales transmitidas por televisión.

Como hemos conversando durante meses los medios no solo reflejan sino que también construyen la realidad. Bajo ese supuesto, las imágenes que aparecen cada cuatro años en medio de las campañas electorales son parte de ese compendio de símbolos y discursos hegemónicos con respecto al género que se construyen en la sociedad y que se transmiten a través de la radio, la televisión, el cine, la publicidad y la prensa escrita.

Ahora bien, ¿Qué se ha visto hasta el momento en términos de spots publicitarios para campañas electorales? ¿Se repite la misma lógica y la misma representación que vemos diariamente en los diarios y televisores nacionales donde se separa de manera binaria el género y se construye una determinada imagen para los hombres y una determinada imagen para las mujeres? Propongo un ejercicio: Vamos a tomar algunos de los vídeos transmitidos por televisión en las últimas elecciones nacionales y alguno de los que se han hecho para las recientes elecciones primarias de algunas agrupaciones para analizar, de manera breve y muy superficial, lo que podemos ver en cada uno de los desde la perspectiva del género.

Revisando los vídeos de la campaña electoral del 2010 uno se encuentra joyas. Desde una candidata que luego sería Presidenta de la República bailando reggaetón en televisión nacional hasta vídeos donde salen hombres desnudos dizque denunciando la corrupción. Hay mucha variedad para desarmar discursos audiovisuales, sobre todo desde una perspectiva de género. Sin embargo, por un tema de espacio solamente nos vamos a referir a tres ejemplos concretos: un vídeo de Otto Guevara, uno del Frente Amplio y otro de Laura Chinchilla. Vamos caso por caso.

La mano dura de Guevara. De los spots que se transmitieron por televisión durante los meses de campaña electoral sobresale, sin lugar a dudas, varias de las producciones hechas por el Partido Movimiento Libertario. En ellas se podía observar claramente cómo se trataba de presentar al candidato Otto Guevara como un hombre prototípico, fuerte, con voz y semblante masculino, serio y reacio, capaz de convertirse en un líder nacional.

En este vídeo por ejemplo podemos ver cómo se trata de presentar a Guevara como un hombre que proyecte fortaleza, masculinidad y contundencia. El uso de la voz y la utilización del lenguaje no verbal merecen especial atención. Por un lado, sus frases son tan bien gesticuladas y dichas con tal contundencia que pareciera estar gritando. Por otro, sus gestos son varoniles, fuertes, decididos y, en algunas ocasiones, buscan proyectar tal contundencia que pareciera ser una leve incitación a cierto tipo de violencia. El uso inclusive del texto de “Mano dura” es otra evidencia de este tema del discurso de violencia o agresividad que se encontraba dentro del discurso audiovisual del libertario.

Este tipo de campañas, como vemos, desde una perspectiva de género es totalmente perjudicial. No solamente reproduce el rol del hombre como persona agresiva, fuerte y varonil, sino que, además, proyecta un discurso con un grado de agresividad que puede ser perjudicial para el debate político, pues cuando la confrontación política pasa a ser agresiva terminan predominando las prácticas machistas y patriarcales que siempre conocemos.

No deja también de parecer obvio cierta sugerencia de que Otto Guevara - por tener las características que se presentan en el vídeo y que ya hemos comentado previamente – es quien tiene el potencial de convertirse en una especie de líder con características mesiánicas para poder impulsar una mejoría en Costa Rica; un líder que lo tiene todo: es varonil, masculino, fuerte, decidido, combativo y agresivo cuando lo tiene que ser. Evidentemente, esto, desde lo que se ha podido comentar en clase, no es más que un discurso hegemónico y patriarcal de que nos salvamos mediante un Líder. Uno, no muchos. Y sí, líder y no lidereza por ejemplo.

Sin maquillaje. Contrario a lo que uno pensaría, a Laura Chinchilla no la pusieron a ejemplificar mayoritariamente el rol de la mujer tradicional. Más bien, en cada uno de los anuncios que se exhibieron en la televisión durante la pasada campaña política lo que se trató de hacer, si uno ve todos sus spots, es masculinizar su imagen en la medida de lo posible. Se presentó sin maquillaje, con pantalones en todos los videos y con pocas cosas que se pudieran considerar femeninas. Hay, en el fondo de esto, un mensaje peligroso: Para poder llegar a la Presidencia de la República, una mujer debía presentarse en medios como un hombre.


Ahora bien, tal presentación de Chinchilla como una mujer poco femenina podía varias dependiendo del momento y de lo que fuera útil en cada una de las distintas coyunturas que componen una campaña electoral. Y muestra de ello es el anuncio de Navidad. Cuando se acercaba esa fecha, la Chinchilla que se nos presentaba era completamente distinta. Amable, cálida, vestida de rosa. Era una candidata mucho más femenina, con una utilización de la voz mucho más suave, rodeada de niños y niñas y, por supuesto, en una cocina deseando felices fiestas de fin de año. Esto se puede observar en el siguiente vídeo:



Evidentemente, Laura no representa en lo absoluto la perspectiva de género. Ni a nivel político ni audiovisual. Por el contrario, representa en ambos sentidos una perspectiva machista, patriarcal, conservadora y hegemónica del género. Ahora bien, no deja de preocupar que a pesar de ello fue la candidata más votada, y fue una de las Presidentas electas con mayor cantidad de votos de las últimas elecciones. ¿Significa esto que para poder quedar electa o electo en un cargo es necesario repetir ciertos patrones audiovisuales y discursivos? ¿Significa esto que cualquier persona que busque transgredir este tipo de normas no podrá alcanzar el éxito? Son preguntas que quedan en el aire a la hora de reflexionar sobre este aspecto.
  
Finalmente, también tenemos el spot del Frente Amplio. Este partido de izquierda produjo este vídeo para transmitirse por televisión. Sin embargo, nunca fue transmitido pues varias activistas feministas provocaron una polémica interna aduciendo que el spot en cuestión era, hasta cierto punto, una apología de la violencia en contra de las mujeres (Cortés, 2013).

El vídeo, como podemos ver a continuación, muestra a una mujer golpeada, y relacionada estos golpes con distintos casos de corrupción y escándalos de la administración de Liberación Nacional de ese momento. El vídeo de es este: Este vídeo da para más discusión. ¿Era una apología de la violencia contra las mujeres presentar estas imágenes en televisión? ¿Significaba este vídeo algún tipo de apoyo – aunque sea inconsciente – a la violencia en contra de las mujeres o, por el contrario, eran imágenes hasta cierto punto “inocentes” que no tenían relación directa con lo que piensa el partido o las personas responsables del vídeo en este tema? ¿Presentar este tipo de imágenes normaliza un tema o situación o más bien inquieta? Personalmente no tengo alguna respuesta concreta con respecto a estas interrogantes, pero creo que por lo menos abren una discusión interesante donde se mezclan cuestiones políticas, de género y de comunicación.

Al final la gran inquietud que debemos contestar es ¿Cómo podemos transgredir estos patrones? ¿Cómo podemos promover discursos comunicativos más equitativos que revolucionen la forma en que se presentan a los hombres y a las mujeres en estos anuncios? ¿Es necesaria más legislación? Aquí estamos hablando de productos audiovisuales para campañas electorales. ¿Se necesitan regular de alguna forma o deben quedar a la libre? Es un tema que da para mucha más discusión.

Recientemente, de hecho, y poniendo ejemplos de otros países, un tribunal electoral de Ecuador “regañó” a un candidato a la presidencia por sus expresiones claramente homofóbicas en medios de comunicación. Esto es un ejemplo de cómo los discursos políticos – ya sean audiovisuales o no – en algunos casos se regulan mediante acciones concretas con el fin de erradicar aquellos que sean discriminatorios en algún sentido.


El tema central que debemos tener en cuenta, y que está relacionado con todas las problemáticas aquí planteadas, es que todos estos discursos políticos audiovisuales generan, construyen y reflejan visiones determinadas de mundo; y formas determinadas de mirar el género y de acercarse a él desde lo político y lo televisivo. Esas formas y esas visiones no siempre están bien. Y por eso es necesario re-pensarlas siempre teniendo en cuenta la equidad que debe primar entre todas las personas. 

Bibliografía:
  • Cortés, Sofía 2012. Entrevista vía correo electrónico. Martes 23 de julio de 2013.
  • Canal de vídeos en Youtube de la candidatura de Laura Chinchilla Miranda.
  • Canal de vídeos en Youtube del Partido Movimiento Libertario.
  • Canal de vídeos en Youtube del Partido Frente Amplio.

domingo, 14 de julio de 2013

La comunicación, el género y el futbolín.

El inicio. La historia comienza así: Mi hermano comenta en una cena familiar que su novia fue con unas compañeras a jugar futbolín al Pub Rock, bar capitalino ubicado en el barrio La California en el cantón central de San José. Tanto la novia de mi hermano como las amigas no se sintieron a gusto en el lugar, pues cuando estaban ahí decidieron jugar durante un rato futbolín. Según comentó Andrea, la novia de mi hermano, hacer esto fue un error, pues se sintieron ofendidas por el ambiente que se comenzó a crear cuando el lugar se llenó de pequeños grupos que jugaban en las mesas aledañas de manera profesional comenzaron a utilizar un lenguaje vulgar y cargado de machismo.


¿A qué tipo de lenguaje se refería? Pues la intriga me invadió lo suficiente, luego de que me contaran el relato completo, como para ir el martes siguiente de la cena familiar al dichoso bar donde ocurrió el hecho. Esta entrada, entonces, relata a grandes rasgos la visita /experimento antropológico que hice para investigar más sobre el uso del lenguaje en este lugar; y sobre cómo este lenguaje se relacionada con cuestiones de género y de comunicación. Vamos pues con lo que se encontró luego de visitar el Bar.

La visita. Entré al lugar acompañado de una amiga del trabajo. Lo primero que notamos es que ese lugar los martes por las noches se convierte en un centro de reunión de personas que practican de manera profesional este juego de mesa. Hay mucha organización, una empresa patrocinadora y una cantidad importante de personas participando. Hay un ritualismo en el lugar. Llamadas por una persona en alta-voz a los jugadores, cuchicheos cuando llega gente respetada al bar, miradas que van y vienen así como toda una serie de comunicación no verbal entre los jugadores.
  

Las llaves de juego muestran la organización.
Hay muchas frases machistas y dibujos de pene en toda la hoja. 
La hostilidad también forma parte de ese ritualismo. Si bien las personas que juegan conversan poco entre ellas las pocas palabras que se dicen están cargadas de un fuerte machismo y una evidente violencia simbólica en contra de las mujeres. Por ejemplo, cada vez que no se lograba meter un gol o se lograba anotar de manera correcta la palabra que sonaba alto y claro es “Hijueputa”; palabra que, además, servía como insulto para amedrentar al oponente o tratar de molestarlo.


Conforme avanzaba el juego, y conforme la gente perdía y ganaba, la tensión aumentaba. Y con ella, también aumentaba el nivel de machismo en el lugar y el nivel de hostilidad en la comunicación contra las mujeres. Frases como: “Vean esto fue parecido a lo que le hice a su hermana o a su mamá ayer, vamos a ver si usted grita igual” o “¿Quiere que se la meta como se la metí ayer a su mamá?” comenzaron a apoderarse del lugar y a acompañar el sonido de los goles producidos por la bola.

Lo más interesante de esto, es que había mujeres en el lugar y no se daban por aludidas. Eran pocas, pero estaban ahí, acompañando a sus parejas mientras jugaban el bendito torneo. Les pregunté si no les ofendía tanto lenguaje vulgar y hostil hacia ellas y me dijeron que no, que eso era normal y que si bien era un ambiente un poco hostil hacia las mujeres en general, era un ambiente que se justificaba pues era para sus novios, quienes pasaban muy estresados en sus vidas. Sí, se justificaba por ellos.

Me acerqué entonces hacia otra mujer para conversar sobre el tema. Resultó ser una de las pocas jugadoras profesionales de futbolín en el país. Se llama Marta Calderón, tiene 36 años y tiene 6 de jugar en torneos y campeonatos. ¿Cómo comenzó en el futbolín? Su esposo salía a practicar el juego de mesa todas las noches y ella no quería pasar más tiempo  sola en la casa .Por eso, comenzó a jugar y bueno, el resto es historia: es una de las mujeres más respetadas en este lugar.

Marta Calderón es jugadora profesional. Se tuvo la oportunidad de conversar con ella en la visita que se realizó. 

Le pregunto si ella considera que es un ambiente machista y me dice que sí, pero que es normal. Me dice que este mundo es como una réplica de un clásico Saprissa – La Liga, donde las personas pierden mucho de su personalidad por entregarse a la dinámica loca del estadio, donde los chiflidos y silbidos hacia las mujeres son cosa normal. Me dice también que no hay que preocuparse pues esas frases, esas palabras y esos insultos lo dicen sin ánimo de ofender a nadie. Solo por diversión (Calderón, 2013).

Al igual que ella, están en el lugar otras 15 o 16 mujeres participando. Sin embargo, son pocas las que han alcanzado un nivel profesional y las que han participado en nombre del país en torneos extranjeros. Tengo la oportunidad de conversar con otras de las mujeres profesionales: doña Rosa Mora, quien está retirada desde hace 5 años tras haber jugado profesionalmente durante 10 años. Según doña Rosa, “el lenguaje es normal, es un lenguaje de estadio que no tiene por qué asustarnos porque aquí a veces también se demuestra que mami es mami”, en alusión a las veces que ella también ha podido ganarle a hombres (Mora, 2013).

Doña Rosa también me explica que existe toda una clasificación no formal sobre el papel que deben tener las mujeres en este tipo de actividades. Varias personas coinciden en que las mujeres deben defender y los hombres deben atacar, por el hecho de que los hombres tienen posibilidades de atacar más duro. Otra vez, el machismo se evidencia en este tipo de asignación de roles donde la mujer aparece como el “sexo débil” frente al hombre.

Como vemos, tanto Andrea como sus amigas tenían toda la razón de sentirse ofendidas en un lugar así, lleno de hostilidad, machismo y expresiones patriarcales que buscan reafirmar los estereotipos de género tradicionales. Además, existe un alto nivel de violencia simbólica hacia las mujeres que puede ser unas de las razones para que no exista mucha participación femenina en este juego de mesa.

Las preguntas que me quedan resonando en la cabeza entonces son: ¿Por qué razón las mujeres que participan en este juego de mesa no se dan por aludidas? ¿Cuánta formación política falta para que las personas aludidas en este tipo de comunicación tan poco equitativa y hostil hacia una persona por su género se den cuenta de esa agresión y pidan su fin inmediato? ¿Qué podemos hacer, desde la Universidad, para sacar la equidad de los libros y enviarla a los barrios, a los bares y a cada lugar de este país?

Es un hecho que necesitamos más comunicación equitativa, pero la comunicación no tiene que ser únicamente sinónimo de páginas de prensa o programas de televisión. La comunicación, en el sentido más básico de intercambio de mensajes, se encuentra también en los bares, en los juegos de futbolín y en cada lugar donde exista la posibilidad de intercambiar simbolos. A esos espacios son los que debemos apostar para explotar la función transformadora de la comunicación y así generar cambios en nuestra sociedad.

Vista panorámica de la sala de juego de Futbolín. 
Puede parecer un hecho aislado, banal y hasta superficial haber ido a escuchar cómo hablan las personas en un bar mientras juegan futbolín. Sin embargo, lo encontrado ahí revela las profundas contradicciones que existen en nuestra sociedad, y el largo, larguísimo camino que existe para poder llegar a la equidad e igualdad real en nuestro país. Una compañera del curso lo dijo alguna vez como sentencia irrefutable: Hemos avanzado en lo legal, pero en lo simbólico estamos en pañales.

Precisamente, una visita de esta naturaleza revela esa carencia de avance en la equidad en la dimensión simbólica. Hasta que la cotidianeidad no se vea impregnada de igualdad, el problema persistirá pues seguirán las personas creyendo que las mujeres son las culpables de la violencia machista, de los feminicidios, del acoso y de toda las cuestiones negativas que nuestra sociedad patriarcal las hace padecer.

Espero que regresar al bar en otra ocasión. Y volver a hablar con las mujeres que conversé. Espero que esa visita sea distinta. Que existan igual cantidad de hombres y mujeres jugando futbolín y que los insultos no tengan que ver con cuestiones femeninas. Espero ir de nuevo y que el juego sea eso: un juego, un juego de mesa más.

Biografía:
  • Observación hecha en el Bar Pub Rock el martes 9 de julio de 2013. De 8 de la noche a 12 medianoche.
  •  Calderón, Hilda (2013). Entrevista realizada en el Bar Pub Rock durante la observación del martes 9 de julio de 2013.
  •  Mora, Rosa (2013). Entrevista realizada en el Bar Pub Rock durante la observación del martes 9 de julio de 2013.

viernes, 12 de julio de 2013

Conversaciones sobre la masculinidad.

De-construyendo al hombre con hombres. 
                                                                  
Para esta entrega he decidido hacer un ejercicio. Muchas veces antes del curso me había preguntando qué significa ser hombre en esta época de guerras, hamburguesas y capitalismo patriarcal. Una vez adentrado en el semestre - y a raíz de muchas conversaciones que se dieron en estos meses - la pregunta pasó de buscar un significado a buscar un sentido. La pregunta dejó de ser qué significa ser hombre para ser ¿Tiene sentido ser hombre en esta época? Y no fue una interrogante que llegó sola. Al contrario, vino acompañada de múltiples cuestionamientos adicionales como ¿Es necesario de-construir el significado de la palabra en función de una nueva masculinidad y de una nueva visión del género? o ¿Cómo superar esa visión binaria de lo que significa ser hombre en un contexto de patriarcado que impone un binomio hombre – mujer?

Precisamente, para tratar de construir o responder a estas y otras consultas acudí a otros hombres para conversar con ellos sobre la masculinidad y sobre la necesidad de mirarnos entre nosotros de manera distinta. Los cité a todos en un mismo lugar y momento; y a cada uno de ellos les hice, con algunos cambios, las mismas preguntas. A continuación presento un breve resumen a manera de crónica del ejercicio de conversación con los hombres seleccionados y al final transcribo en su totalidad la conversación que tuve con Edvan Córdoba, un activista del sector LGBTI muy crítico, de quien personalmente he aprendido mucho y a quien admiro a nivel personal y político. La conversación con Edvan se hizo por aparte, y por dicha que así fue, pues fue un ejercicio bastante pedagógico y educativo. Al final de la entrada, se pueden consignar los datos de las personas con las cuales se conversó.


Una conversación de hombres sobre el hecho de ser hombre.

La conversación sucedió en San Pedro. Sentados en un aula de Ciencias Sociales estábamos un estudiante refugiado colombiano que ejerce como Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica, un joven regidor de un cantón rural y este servidor. Las dos personas fueron citadas para conversar sobre género y sobre el hecho de ser hombre. A ellas, se les uniría luego un estudiante de Ciencias Políticas mucho más joven. Estamos entonces ahí, el estudiante del curso de género, el refugiado y el regidor heterosexual y el joven gay aspirante a politólogo. Estamos ahí y les hago la primera pregunta: ¿Tiene sentido ser hombre en esta época?

Al preguntarles esto la cara de todos se queda fija. El estudiante de Economía con condición de refugiado me argumenta que sí, que tiene sentido ser hombre siempre y cuando la categoría tenga un significado distinto al actual, que está lleno de cinismo, prejuicio y machismo. El joven regidor opina similar: hay que re-construir la categoría y darle un nuevo significado. Sin embargo agrega que “… siempre que hablemos de hombres vamos a estar hablando de una categoría que solo tiene sentido en el sistema actual. Es decir, yo no me imagino o no soy capaz de imaginarme como sería un hombre distinto al actual bajo otro sistema” dice mientras trata aún de comprenderse a sí mismo.

La conversación se enciende, pues el joven estudiante de Ciencias Políticas mete la cuchara. No quiere quedarse atrás en la discusión y les dice que es muy fácil opinar de cambiar algún significado desde la heterosexualidad. “Yo quisiera creer que ya no tiene sentido ser hombre o la categoría hombre, pero el asunto es que sí tiene sentido, pues millones de personas así lo creen, inclusive ustedes que, desde la heterosexualidad, saben que tienen ciertos privilegios” dice como reclamando la que para él es una cómoda posición desde donde se opina.

A esta intervención las otras dos personas no ponen mucha atención, pues ambos centran sus esfuerzos en seguir argumentando cómo ser hombre no es asunto estrictamente relacionado con la orientación sexual sino con las reglas que este sistema les impone y con una serie de cuestiones que se esperan de ellos. Esta última idea la resume de manera directa el estudiante colombiano con una frase muy sencilla: “Este mundo espera ciertas cosas inhumanas de vos simplemente por tener un pene acompañado de dos testículos”.

En este punto coinciden los tres: De ellos se esperan cosas masomenos similares a pesar de sus diferencias en edad, orientación sexual, extracto socio-económico y procedencia geográfica. Se espera que sepan desatornillar cosas y armar aparatos electrónicos, se espera que uno maneje cómo cambiar una ducha porque los “… hombres saben de esas cosas”, se espera que “hablés duro, siempre tratando de tener la última palabra y con los huevos bien puestos”, se espera también – dice el joven estudiante de Ciencias Políticas para hasta cierto punto recordar el tema de la orientación sexual – que “… la metá y tengás hijos con una mujer pero sexo con muchas cualquieras”…

Y se vuelve entonces al tema de la orientación sexual. Y entonces, les digo que ese tema de la imposición de roles a los hombres heterosexuales se las trae (“Por supuesto que se las trae” dice el joven gay que nos acompaña). Y entonces, se hacen las preguntas clichés que siempre se tiene que hacer cuando este tipo de temas sale a la luz en una conversación sobre masculinidad: ¿Tiene sentido ser un hombre gay en esta época? ¿Cómo un heterosexual se puede acercar a esta identidad?

“Si lo tiene” afirma el Presidente Estudiantil de manera categórica, “Pues se trata – agrega – de una identidad creada para establecer cierta visibilidad que el sistema le ha negado. Una persona no es gay porque quiere, es gay por una decisión política de visibilizarse de esa manera y luchar contra los estigmas que esa identidad puede generar”. En la misma línea opina el regidor. “Se trata de re-construir la sexualidad de los hombres desde lo afectivo, desde el cariño; y eso pasa por colocarse en el mundo como un hombre que quiere amar y acercarse sexualmente a otro hombre”

Pregunto por eso de colocarse tomando como base la afirmación que se hizo sobre ser una decisión política. ¿Es que acaso ser gay es una decisión? El joven estudiante de políticas toma la palabra y explica, sumándose a esta posición, lo que él cree que sus compañeros de tertulia quisieron decir: “Yo no decidí tener atracción sexual mayoritaria hacia personas del mismo sexo, pero sí decidí llamarme gay. Sentir atracción no es una decisión es algo que se trae, pero la etiqueta que vos asumís si es una decisión Para mí sería muy fácil decir que soy bisexual o un heterosexual bastante curioso por ejemplo”. Las demás personas lo ven mientras asienten, como sumándose con su movimiento de cabeza a lo que él estaba diciendo.

Les pongo uno de los últimos temas sobre la mesa de conversación. Somos hombres hablando de ser hombres en un patriarcado. Evidentemente, tenemos cierta ventaja. Inclusive el hombre gay que nos acompaña es una persona que pertenece a cierto sector discriminado pero con cierta altura dentro de la jerarquía sexual en comparación con otras personas como las lesbianas o las personas trans. ¿Es posible que nosotros de-construyamos la masculinidad y el hecho de ser hombres en medio del patriarcado? Todos se quedan callados por un momento.
“Sí lo es, pero cuesta en paleta” afirma el estudiante colombiano. “Y cuesta porque este sistema nunca te deja nadar contra-corriente. Es como un río donde hacés rápidos y tratás de nadar contra la corriente solo y en mariposa o en dorso. Es algo costosísimo, pero diay… toca si querés transformar esta carajada” dice en un tono un poco pesimista, quizá por el hecho de lo difícil que sea deconstruir esas etiquetas y asignaciones que nos impone el género…

“También es un asunto que va más allá de si cuesta o no” dice el Regidor. “Si tratás de ser diferente te van a discriminar. Escoger el camino de luchar como hombre heterosexual por una nueva masculinidad en el contexto del patriarcado es ir directo a una lluvia de insultos que van desde maricón hasta enclosetado” afirma mientras vuelve a ver al joven estudiante de Ciencias Políticas, como esperando cierta aprobación de una persona que ha luchado, desde su condición, contra lo que impone la sociedad.

Al final, y después de varios intercambios más, donde se evidenció que el ser hombre no es solamente una etiqueta hasta cierto punto vieja y empolvada por el mismo sistema, sino que además una clasificación parte de un binomio que quita la libertad, las personas terminan con una reflexión que les solicito. ¿Cómo se puede llevar con un ejemplo concreto lo que hablamos a la práctica? Y ¿Cómo podemos cambiar el significado de hombría y cómo podemos construir una nueva masculinidad? 

“Con mucha creatividad” dice uno; “con mucha valentía” comienza el otro; “Esas dos cosas que dijeron son el combustible, lo que hace falta es el mapa y muchas veces ese mapa, de qué hacer, cómo hacer, cuándo hacer, y qué gano y qué pierdo cuando hago equis o ye cosa no encontramos o simplemente no lo queremos ver, pues como dicen ellos es un mapa que te lleva a un lugar incomodo, a un lugar que te hace cuestionarte quién sos, qué hacés acá y cómo poder mejorar tu papel en este mundo” cierra el más joven de los participantes.

Reflexiones sobre la conversación:
Al término del ejercicio el concepto de hombre o el acercamiento a lo que significa ser hombre es distinto. El cuestionamiento debe ser constante, debe ser permanente, debe ser profundo y bien agudo, pues tenemos la posibilidad de caer en una trampa donde el sistema nos pone en una situación cómoda que no criticamos y que no señalamos como injusta para algunos. Hay que pensar que el hecho de que yo me llame o me considere hombre significa, sin importar dónde me encuentre, que estoy en una posición privilegiada con respecto a otros seres humanos; Y justamente por esa razón, la crítica es lo que debe prevalecer y es el camino que debemos transitar de manera diaria.

El cómo hacerlo no me quedó tan claro, pues creo que las personas invitadas tampoco lo tienen. También es que es un trabajo mucho más colectivo que individual; algo que pasa por un “nosotros” y no por un “yo”. Ahora, la pregunta entonces es si podemos lograr juntar a varias personas para construir un nosotros que ponga en acción muchas de las ideas que los compañeros han dicho en la tertulia.

Me imagino un nosotros, un grupo que hable sobre cómo transformar la idea de hombre, como destruirla y volver a construir con un acercamiento mucho más inclusivo, menos opresivo y mucho más abierto; un planteamiento con pocos límites, con mucha libertad y escasos prejuicios, que beneficie no solamente a aquellas personas que decidan reconocerse como hombres sino a todas las personas en general.



Transcripción de la entrevista a Edvan Córdoba.
Activista en organizaciones internacionales de Derechos Humanos.
Graduado en Gestión del Desarrollo Sostenible con Equidad de Género en la Universidad Nacional.
Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica.

Al acercarme a Edvan para hablar de estos temas es inevitable que cierta timidez y nerviosismo me salga a flote, pues a su corta edad – tiene 24 años – se ha estado convirtiendo en toda una persona referente para varias personas que se inician en el activismo en estos temas. Él estaba también un poco nervioso por la entrevista  (aunque creo que la palabra más bien es ansioso), pues me decía que en estos temas puede hablar mucho sin decir absolutamente nada. Evidentemente, se equivocaba pues así como hablaba mucho decía también mucho. Lo que sigue es una transcripción de la entrevista que tuvimos, donde conversamos de los mismos temas que toqué con los otros compañeros.

¿Para  vos actualmente tiene sentido ser hombre?

Yo creo que no tiene sentido. Es una categoría que está cargada de esencialismo; de un esencialismo biológico que tiene que ver con los órganos genitales y con ciertas características corporales. Tampoco tiene sentido en términos de género porque es una categoría que ha estado socialmente cargada por un excesivo mandato de ser, por asumir tareas desproporcionadas para cualquier persona, independientemente de lo que esa persona se considere. Entonces, creo que la categoría de hombre es una categoría desigual, porque terminan sintiéndose responsables de una serie de cargadas sociales relacionadas con la familia o el trabajo. Son cargas desproporcionadas en términos de merito o rendimiento; en términos de lo que esa persona tiene que demostrar. Hay que cumplir una serie de cuestiones para poder cumplir con la categoría de ser hombre. Todas esas cuestiones son bastantes nocivas y terminan lesionando a la persona. Ser hombre es un performance. Usted performa ser hombre. La categoría hombre es un binomio que de una u otra forma jerarquiza y oprime; te encierra dentro de un cierto patrón.

Vos decís que ser hombre es como un perfomance. Y entonces ¿Ser un hombre gay tiene sentido? ¿También es un perfomance?

No lo tiene tampoco; y sí, es un perfomance que está cargado de cuestiones particulares. Por ejemplo, la identidad gay se construye en los años 60 y nace como una identidad contracultural, como de movimientos que tenían una serie de exigencias específicas a partir de las condiciones de opresión que estaban viviendo. Pero rápidamente el sistema – y cuando hablo del sistema hablo de la heterosexualidad como un régimen político y social que tiene normas – al ver que estas identidades estaban planteando demandas específicas lo que hizo fue asimilando esas demandas e ir vaciando de contenido político esa identidad. Entonces, la identidad gay cuando nos acercamos a los años ochenta o noventas se comienza a convertir a una identidad asociada a una cierta estética corporal, a un gay hegemónico blanco que correspondía a cierta clase social y a un cierto nivel económico y cierto nivel adquisitivo. La identidad gay se plantea como una identidad de consumo. Es  una de las herramientas que utiliza el sistema para cooptar esa identidad y hacerla mucho menos peligrosa y más digerible y voltearla a los intereses que tiene el sistema.

Vos decís que ser hombre gay es una etiqueta, y no es una etiqueta que del todo se puede decir que sea positiva. Ser hombre gay es una decisión política…

Igual que definirse como hombre es una decisión política.

 ¿Pero entonces es una decisión política equivocada definirse como hombre gay?

En mi opinión sí

¿Y cuál es la decisión política acertada en este contexto?

Es que es un tema complejo. Yo diría que la posición política acertada tiene que ver con el cuestionamiento constante. Alejarse de esos esencialismos de ser hombre y ser mujer. Y la categoría de hombre gay también está cargada de esencialismo. Entonces, la política acertada debería ser una política que se plantea cuestionamientos a esos esencialismos. Yo no me opongo a que la gente se identifique como tal, aunque lo más problemático del asunto es que muchas veces no existe ni siquiera la consciencia de que se está asumiendo una identidad. Yo soy hombre, yo soy mujer. Se asumen las identidades que nos dan al nacer y que nos da la sociedad. La gente a partir de lo visual se te asigna una forma de ser y de estar en el mundo, que te acompaña toda la vida. Y la gente ve eso como algo natural, algo bueno, algo normal y algo deseable…

Cuando hablamos de ese sistema hablamos también del patriarcado, que de una u otra forma es un sistema hecho para que los hombres tengamos ventaja; y cuando hablamos de ese sistema entonces podemos decir que los hombres gays tienen una ventaja en comparación con las mujeres, con las personas transgéneros o con otras personas todavía más marginadas.

Sí, sin lugar a dudas porque la identidad gay por estar ligada al ser hombre desde que nace, nace sí en un marco de opresión pero con ciertos privilegios que otras identidades no tenían por razón de sexo (en caso de que se identificaran como mujeres) o por cuestión de razas (si eran personas indígenas o afro descendientes), o por su cuestión migratoria… Ahora, la creación de esa misma identidad gay, con todas esas ventajas, se da o se crea a un costo muy alto, que es tener que claudicar a toda esta parte político-contestataria, radical, subversiva, y lo que el sistema lo que le pide a la identidad gay es que se acepte la identidad heterosexual; porque al final de cuentas lo que se nos pide es que formemos una familia, que nos casemos, que seamos felices de acuerdo a las reglas de este sistema y no hay un cuestionamiento real..

¿Entonces el hecho de que estes recogiendo firmas para el matrimonio igualitario no es como contradictorio porque es tratar de hacerse un campo en las reglas o modelo de persona ideal que el sistema impone?

Sí y no. Porque creo que las personas en el mundo deberían tener acceso a ciertos mínimos, que tienen que ver con condiciones materiales de existencia que puedan dotar de una vida digna a esas personas en términos de salud, acceso a educación y acceso a ciertos bienes que son fundamentales para cualquier persona en términos de su proceso de desarrollo. Entonces, a mí en particular la institución del matrimonio no me provoca absolutamente nada más que nauseas y asco…

Pero esta recogiendo firmas…

Sí, porque creo que cualquier persona pues por un lado pasa por esta libertad de decidir de la cuestión de elección, pero también pasa por esos mínimos que este sistema quita… Por eso es que recojo firmas. Y opto por el matrimonio, porque es la figura que existe actualmente que asegura la igualdad de derechos frente a las personas heterosexuales. En mi opinión, el movimiento LGBT debería estar apostando a otras cosas, pero creo que esto es parte de una agenda de temas. Ahora bien, no creo que esto debería ser la vanguardia o lo principal…

Volvamos al patriarcado. Usted dice que hay personas discriminadas con cierta ventaja y hay personas discriminadas sin ventajas. Cuando esas personas de dos sectores distintos tratan de trabajar juntos se crean tensiones. ¿Usted como ha lidiado con esas tensiones? ¿Qué tan difícil ha sido? Tomando en cuenta que usted es parte de los sectores aventajadas…

Sí, sí, claro por tener asignada esa identidad, aunque yo no la asuma, no me interese e inclusivo haya hecho ciertos actos para renunciar a ella. Aunque es difícil. Este tema no pasa por lo individual, no pasa por el hecho de decir: No, ya no soy hombre. Lidiar con las tensiones ha sido bastante complicado. Usualmente yo suelo hacer más alianzas o trabajo con el sector lésbico, porque algún sector lésbico tiene cierta consciencia feminista o sensibilidad sobre otras cuestiones; ve el asunto mucho más complejo. Tiene la capacidad de vislumbrar esta lucha no como la prioritaria o la fundamental sino que la asume con mucho más criticidad. Pero es muy difícil porque no todas las mujeres lesbianas tienen esta sensibilidad… Entonces ha sido complicado.

¿No es un tema de edad?

Pasa un poco por la edad, porque los activistas históricos de este país han sido hombres. Hombres gays y blancos. Yo no diría que el nivel educativo sea significativo pero sí ha pasado un poco por el tema del sexo, del color de piel y del estatus económico. Diay, no es casualidad que los medios de comunicación desde la década pasada se centraran en ciertos movimientos que respondían a este tipo de gente que se identificaba como hombres gays y que tenía también ciertas reivindicaciones particulares; porque es más fácil para el sistema atender a los sujetos que están normalizados que intentar lidiar con sujetos que se cuestionan esos proceso. Entonces, la sexualidad va creando sus jerarquías. No es lo mismo el hombre gay que las personas trans que están situados en el escalafón más bajo de la sexualidad, por ejemplo. Es una situación bastante compleja. A partir de la sexualidad se crean pirámides...

Para ir cerrando: Hay que construir una nueva masculinidad. ¿Esta masculinidad puede ser de consenso entre los sectores más al margen y los que no están discriminados o no, definitivamente tiene que ser una masculinidad construida desde los márgenes y la disidencia y la subsersión y la radicalidad?

Bueno, eso es todo un tema. Una cosa es ser hombre y otra cosa es ser masculino. Pueden tener cierto ligamen, pero no están completamente ligados. Por ejemplo, hay mujeres lesbianas que perfoman cierto tipo de masculinidad. Antes, el discurso de la masculinidad era muy rígido, pero conforme ha pasado el tiempo este discurso se ha vuelto más poroso, se ha ido rompiendo, se le han ido abriendo fisuras, entonces muchas veces ya las personas no tienen claridad sobre lo que es ser masculino… La heterosexualidad en muchas cosas está en crisis. Entonces, en ese sentido, yo diría que a la gente que le interesa perfomar algún tipo de masculinidad debería interesarse porque ese tipo de masculinidad sea lo menos esencialista, lo más liberadora, lo más descargada o libre de prejuicios, estereotipos, mitos que se pueda y sobretodo lo menos violenta, opresiva y privilegiada que se pueda…

¿Cómo te definís vos? Habiendo hecho la crítica a la etiqueta de ser hombre, de ser hombre gay y del binomio hombre y mujer. ¿Vos como te definís o como creés que calzás?

Si es por lo que el sistema me ha identificado, yo debería calzar por hombre gay, pero es una categoría que rechazo por lo que he comentado. Yo en general tengo mucha animadversión a este tema de las etiquetas; me parece que tiene una función de visibilizar y de dar nombre, pero lo que me plantea más roncha o animadversión a este tema es cuando la gente se plantea la categoría como una cuestión cerrada, rígida, normada, delimitada; y ahí es donde me parece que la gente comienza a perder capacidad de pensarse, la capacidad de ser creativa, de poder inventarse también, de no verse como algo acabado sino verse como un producto que puede ir variando a lo largo del tiempo; y yo en ese sentido, aunque yo no utilizo esa categoría, si tuviera que meterme en alguna, me definiría como una persona transgenero.


Bibliografía.

Saldarriaga Jiménez, Camilo. Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Costa Rica e Integrante de la Junta Directiva de la Asociación Demográfica Costarricense. Entrevista grupal realizada el 10 de julio de 2013 en la Universidad de Costa Rica.

Sánchez Mena, Ricardo. Regidor propietario del cantón de Alvarado por el Partido Acción Ciudadana. Entrevista grupal realizada el 10 de julio de 2013 en la Universidad de Costa Rica.

Anónimo. Estudiante de Ciencias Políticas, Activista del Movimiento LGBTI y miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica. Entrevista grupal realizada el 10 de julio de 2013 en la Universidad de Costa Rica.


Córdoba, Edvan. Activista del Movimiento LGBTI  y representante costarricense por la sociedad civil en foros internacionales del Fondo de Poblaciones Unidas. Entrevista personal realizada el 11 de julio de 2013 en la Universidad de Costa Rica. 

jueves, 23 de mayo de 2013

Atención

La percepción requiere participación

Intento fallido de Cuento 1

Antonio

Desde que estaba recogiendo su camisa de cuadros del suelo, Antonio sabía que su esposa no lo iba a perdonar. Los mensajes de texto, los correos electrónicos y las 30 llamadas perdidas durante la noche evidenciaban un enojo virtual que tarde o temprano llegaría a sus oídos. No le importó. Ya había tomado la decisión: Esa tarde la dejaría y le comunicaría que había decidido ser feliz sin ella, sin su familia y sin las personas que le habían hecho la vida insoportable.

Tenía miedo, eso sí. Mucho miedo de lo que vendría. Pero ni la culpa, ni las dudas lo detendrían esta vez. Una vez que se abrochó la camisa, decidió tomar sus cosas y salir del cuarto. Se despidió de Joaquín con un beso y le dijo que esa noche sí regresaría a dormir.




Muñecas Mexicanas

A propósito del texto de Coral Herrera y la boda real, estuve investigando sobre los roles de la mujer y su relación con la cultura contemporánea. Me encontré con esta charla de la feminista mexicana y antropóloga Marta Lamas sobre la relación de Barbie, las muñecas mexicanas, los estereotipos de belleza occidentales y el machismo. ¡Interesante para ver en tardes de lluvia!



jueves, 18 de abril de 2013

Juego de palabras

Una de las eróticas del libro de Gioconda Belli, El País de las Mujeres, insistía en el tema del lenguaje. En esto también hace énfasis Herrera (2011) en algunos casos y en distintos ejemplos, afirmando que nuestro lenguaje - el español - es sexysta. En este caso estamos de acuerdo con ella y para muestra un ejemplo concreto:


Debemos comenzar a cambiar el lenguaje. Debemos reinventar muchas palabras y llenarlas de un nuevo contenido, alejando del machismo que tiene muy impregnado en muchos, muchos casos. La pregunta es ¿Cómo hacerlo?

Bibliografía:

miércoles, 17 de abril de 2013

En el País de Ellas.


Hecho el ensayo sobre el país de las mujeres, es importante hacer una reflexión sobre el proceso de creación del mismo. Precisamente, en esta entrada se tratará de escribir algunas ideas sobre el proceso de escritura de ese ensayo contestando fundamentalmente tres preguntas: ¿cuáles fueron las impresiones del libro de Gioconda Belli? ¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de escribir el ensayo? Y ¿Qué observaciones tengo sobre el ensayo que se entregó?

¿Cuáles fueron las impresiones generales del libro? Positivas. A pesar de que la novela de la nicaragüense tiene sus carencias (que ya se explicaron en el ensayo entregado) hay un cúmulo de virtudes y cosas positivas que hacen que la novela deje un “buen sabor de boca”. La irreverente y sugestiva historia, así como el tema central del poder practicado o ejercido por las mujeres que buscan una mayor equidad hacen que el escrito de Gioconda sea trascendente. Y hacer literatura trascendente, en tiempo de Facebook e intracedencia es bastante difícil.

                                                Tomado de acá

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de escribir el ensayo? Sentarse frente a la computadora y tratar de definir un tema sobre el cual reflexionar fue quizá lo que representó mayor dificultad a la hora de realizar la asignación de este libro. Originalmente, había pensando trabajar el ensayo en torno a la idea de que se puede transformar la sociedad a través de cambios en la cotidianeidad. Sin embargo, la misma escritura – y probablemente mi (de)formación profesional – me fueron llevando a hablar sobre el poder, y sobre cómo el ejercicio del mismo puede ser diferenciado si se toma en cuenta el factor de cómo alejarse del patriarcado, esquema mental y sistema social que condiciona las prácticas sociales, económicas y políticas en detrimento de las mujeres y otras poblaciones minoritarias o excluidas históricamente.

Ahora bien, una vez entregado el ensayo surgen las dudas y observaciones propias de cualquier ejercicio de esta índole. Yo tengo varias. En mi lista mental de probables errores o cosas por mejorar podría enumerar:
  1.    La poca profundidad del tratamiento del tema del poder. El tema del poder tiene una riqueza impresionante y tiene distintos puntos de vista y concepciones que se dejaron por fuera a la hora de escribir el ensayo sobre la  novela de Gioconda Belli. Esas concepciones – clásicas y más contemporáneas – podrían haber sido de suma utilidad para dar una lectura mucho más profunda de lo sucedido en Faguas. Sin embargo, quedó como pendiente. 
  2.     La imposibilidad de explorar más sobre el tema del poder ejercido por las mujeres por no ser del género al cual me estaba refiriendo. Como hombre es muy complicado hablar sobre cuestiones de las mujeres. Así como para las mujeres debe ser complicado hablar sobre temas de hombres. Y por temas de hombres o mujeres, me refiero a temas de género y a temas de cómo el mismo afecta mi visión sobre las cosas. En otras palabras, no es lo mismo el acercamiento que hago yo a ese tema, que el acercamiento hecho por una mujer. No es que sea más completo o más integral, pero es distinto y siempre carece de esa visión vivencial o basada en la experiencia que puede enriquecer cualquier análisis.
  3.       No es un tema de fondo ni de forma, sino de presentación, pero los errores técnicos relacionados con la computadora también son un elemento a mejorar a futuro.


Bibliografía:
  • Belli, G (2010). El País de las Mujeres. Madrid: Parramón Ediciones. Disponible en internet: [http://humweb.ucsc.edu/aaperez/tarea/spss63/pais_mujeres_completa.pdf]